Pieza del mes de julio de 2018: Fotografía del Edificio Escolar IPN

Como pieza del mes  se ha seleccionado una fotografía de la década de los años treinta de la construcción antigua del Instituto Pedagógico Nacional para señoritas (IPN) ubicada en Chapinero entre la calle 72 y calle 73. En la fotografía se ve bajo los cerros orientales: patio principal, a la izquierda capilla, fondo (izquierda) laboratorios, primer piso comedor y cocina, segundo piso salones de clase; y tercer piso, dormitorio de estudiantes y profesoras.  

La construcción arquitectónica del IPN estuvo determinada en sus inicios por lo que Castro (2009) denominó el modelo de la Unidad homogénea, que consistió en la articulación de diferentes niveles y procesos de formación que tenían un mismo propósito: la formación de maestras idóneas para todos los niveles de enseñanza. El Instituto Pedagógico Nacional fue concebido como institución modelo para la formación de maestras colombianas desde el primer Congreso Pedagógico celebrado en Colombia en 1917, evento en el  que se decretó mediante la Ley 25 de 1917 la creación en la capital de la republica de “un instituto pedagógico para institutores y otro para institutoras” (Congreso de Colombia, 1917), para este fin el gobierno conservador contrató en 1926 una Misión Pedagógica Alemana, la segunda en Colombia, para dirigir y organizar los dos institutos y además definió que:

Para la organización y buen funcionamiento de los institutos pedagógicos […] el gobierno procederá a construir en la capital de la republica dos edificios que, por su capacidad y condiciones, corresponden a las exigencias técnicas y a los adelantos de la ciencia pedagógica moderna (Artículo 2. De 1917).

En el caso del Instituto para señoritas, como parte de los compromisos del gobierno nacional, se inauguró en 1926 la construcción del edificio escolar para el Instituto conocido en la época como el palacio de la Avenida Chile. El edificio escolar fue diseñado por el arquitecto Pablo de la Cruz quien “siguió las referencias de los pedagogos europeos y norteamericanos de modo que lo proyectó como un colegio campestre ajustado técnica y estéticamente a los requerimientos de un establecimiento moderno” (Corporación La Candelaria, 2006, p.75), el resultado fue un Instituto con  amplias zonas verdes, habitaciones de internado y otras características modernas para la época como la biblioteca y las pistas deportivas. El instituto Pedagógico abrió sus puertas a las jóvenes estudiantes de los departamentos del país el 9 de marzo de 1927 con un complejo arquitectónico que constaba de:

La casa principal, capilla, biblioteca, museo, gabinete de física, 16 salones de clase,  colecciones, administración, 13 dormitorios; 11 habitaciones de empleadas y profesoras internas; 27 baños de regadera; una piscina; 26 servicios higiénicos,  cocina (…), biblioteca de las alumnas, enfermería y dentistería (Radke, 1936,p. 9)

Además del espacio para la formación de institutoras, se construyeron y adecuaron entre 1929 y 1955 una serie de edificaciones para los otros niveles de formación que complementaban la formación de las institutoras: Escuela Anexa (1926), Kindergarten (1933) y la primera edificación de la Universidad Pedagógica Nacional Femenina (1955) edificio A. Gran parte de la antigua construcción del Instituto Pedagógico Nacional inaugurada en 1926 tuvo que ser demolida a causa del sismo de 1967 que dejo la estructura en lamentables condiciones por lo cual en 1968 el Instituto Pedagógico se trasladó para el predio de la calle 127. En el mismo año empezaron las construcciones en la calle 72 de los otros edificios para la Universidad Pedagógica Nacional.

La pieza del mes a la que se hizo referencia en este texto y otras fotografías antiguas del IPN son exhibidas en las instalaciones del Museo Pedagógico Colombiano, también se pueden apreciar algunas de ellas en la exposición virtual IPN Patrimonio Pedagógico.

 

Referencias

Castro, J. (2009). Memoria institucional y acontecer pedagógico. Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional.

Corporación La Candelaria. (2006). Atlas histórico de Bogotá 1911-1948. Bogotá: Editorial Planeta.

Radke, F. (1936). Historia del Instituto Pedagógico Nacional para Señoritas desde 1927 hasta 1935. Bogotá: editorial el gráfico.

 

 

 

Pieza del mes de abril de 2018: Mobiliario Escolar Antiguo

Colección mobiliario escolar Museo Pedagógico Colombiano UPN.

Con mobiliario escolar se hace referencia comúnmente a varios de los objetos de los salones de clases (estantes, bibliotecas, mesas auxiliares), sin embargo en los tratados sobre higiene del siglo XIX y XX este concepto se encuentra referido a los muebles, o cuerpos de carpintería, destinados al uso de los estudiantes, es decir a las mesas y los bancos que sirven a los alumnos para los ejercicios de escritura principalmente (Alcántara, 1912). En las escuelas de habla hispana, a estos muebles se le conoce como pupitre palabra que proviene del latín pulpitum, referida al púlpito, lugar utilizado en las iglesias para leer las Sagradas Escrituras y llevar a cabo la predicación.

Solo a mediados del siglo XIX en Europa, se empiezan a construir modelos uniformes de muebles para las escuelas y en América hasta la primera década del siglo XX. Uno de los primeros documentos en España que se relaciona con mobiliario o menaje escolar es el Reglamento de las Escuelas Públicas de 1838 en donde se señala que:

Las mesas de escribir [deben] ser largas y estrechas (de 16 a 18 pulgadas de anchura), con la conveniente inclinación para que puedan trabajar los niños con comodidad […] y a distancias proporcionadas sobre la parte superior de las mesas, se fijaran tinteros de modo que uno de ellos pueda servir para los discípulos (Reglamento de los Escuelas Públicas de España, 1838, Art. 6. Citado por Juárez, 1999, p. 61).

Algunas escuelas del siglo XIX en Europa, incluso hasta el siglo XX en América, el banco de madera destinado para los estudiantes conservaba el mismo diseño de los bancos de madera de la iglesia. El diseño de estos bancos no incluía espaldar, tenía espacio para tres o más niños y su disposición en el aula era también similar al del templo, a excepción de los lugares destinado para las niñas en la periferia del salón como se observa en la pintura de Anker de 1849.

Escuela de pueblo en 1848. Óleo de Albert Anker (1831-1910) Museo de Arte de Berna.

Otro modelo de pupitre similar al de la iglesia era empleado en las escuelas de enseñanza mutua o lancasterianas (1845), los escritorios eran comunes para toda la fila y medían aproximadamente de 2,5 metros y estaban ubicados a un metro de distancia unos de otros. Cada alumno tenía entonces cerca de 30 cm de escritorio a su disposición. Los asientos eran banquitos con un tope superior de 20 X 15 Centímetros.

Método británico de educación lancasteriana. (1816). Obsérvese al monitor de alumnos enseñando a los miembros de su escuela. Fuente: https://picryl.com/media/lancaster-frontispice-9ace68

El diseño de mobiliario escolar en Colombia empieza a ser regulado por el discurso de la higiene, como es posible identificarlo en la tesis de Aldana (1921) en donde señala que “el mobiliario escolar decide el porvenir físico del niño y por consiguiente debe ponerse cuidado especial en su construcción” (p: 14), postura que determina la implementación de especificaciones precisas para su diseño, más allá de criterios estéticos y prácticos con que se elaboraban en las carpinterías, los cuales empezaron a suscitar una serie de críticas:

La actual mesa de nuestras escuelas es demasiado larga; permite la acumulación de muchos niños, los cuales se apiñan unos contra otros haciendo demasiado difícil la escritura. El banco está muy separado del asiento en la generalidad de los casos, lo que obliga a los alumnos a sentarse en la orilla, con el cuerpo inclinado hacia delante; de esto resulta una curvatura dorsal, la compresión de los órganos abdominales perturbando la circulación y el trabajo intelectual (p: 14-15).

Otra crítica que predominó durante varios años fue que el mobiliario escolar de las escuelas rurales, no contaban con las condiciones necesarias como se afirma: “la mayor parte sólo cuenta con un tablero mal construido y sin barniz, los niños permanecen la mayor parte del día encerrados en un cuarto reducido y oscuro y sentados sobre un adobe o sobre un tarima” (Cély, 1925). De otro lado, este mobiliario era insuficiente para la cantidad de estudiantes que asistían a las escuelas rurales, al respecto se declara “conozco una escuela rural con veinte a veinticinco alumnos de asistencia media, donde todo el mobiliario consiste en una banca-mesa […], una casi-mesa y el taburete de la maestra” (Jácome, 1935).

De acuerdo con Noguera, a mediados de 1930 los locales escolares carecían de las condiciones higiénicas y pedagógicas mínimas, además, el mobiliario escolar era extremadamente inadecuado. Condición expuesta en los Informes del director de Educación del Departamento de Cundinamarca:  

«Aún en 1935 el jefe del Servicio Médico Escolar de Bogotá se quejaba de la ausencia de bancos suficientes, motivo por el cual los niños se veían obligados a sentarse en número de seis a ocho en bancos destinados sólo a cuatro personas. En varias escuelas, ante la carencia de pupitres, los niños tenían que recurrir a ladrillos o a sus prendas de vestir que, dobladas, colocaban sobre el suelo a modo de asiento. Pero no sólo era la escasez de bancos, como anotara el médico escolar, a ello había que agregar sus pésimas condiciones: bancos sin espaldar alguno, con madera imperfecta, pupitres iguales en los cuales debían acomodarse niños de todas las edades y tallas, o asientos pequeñísimos que no correspondían a la altura de la mesas destinadas a grupos.» (Del Corral, 1935: 58).

Mobiliario escolar unipersonal. (ca. 1920). Fuente: Museo Pedagógico Colombiano.

Como resultado de las críticas al mobiliario escolar, se establecieron una serie de reglas básicas que debían tener en cuenta la anatomía del niño para su fabricación. En este sentido, el mobiliario debía posibilitar que: “la cabeza esté derecha y bien equilibrado sobre la columna vertebral, la frente ligeramente inclinada y los ojos separados del libro por lo menos 35 centímetros; los omoplatos a la misma altura en línea horizontal […]” (p:15). Situación que produjo la implementación de pupitres unipersonales como los que se utilizan en la actualidad.

 

Referencias:

Aldana, L. (1921). Algo sobre higiene escolar. Bogotá: Imprenta de San Bernardo.

Noguera Ramírez, C. E. (2012). La reforma educacionista en Bogotá 1920-1936: ¿instruir, educar o higienizar al pueblo? / Carlos Ernesto Noguera. En Historia de la educación en Bogotá.

Del Corral, A. (1935). Informe del director de Educación del Departamento al señor gobernador de Cundinamarca. Bogotá: Imprenta del Departamento.