Bajo la premisa de continuar con el fortalecimiento de las actividades de conservación, investigación, difusión de la memoria pedagógica, historiografía de sus colecciones, identificación de la historia escolar del país y estudio del patrimonio cultural de la nación, el Museo Pedagógico Colombiano presenta como pieza del mes invitada el libro-juego ‘Garra de Piedra’. Una publicación creada en conjunto por tres profesionales del campo del patrimonio cultural: el docente-investigador Manuel Salge Ferro; el arquitecto investigador en antropología, Luis Fernando Arenas Guerra; y la experta en conservación, restauración e intervención de bienes muebles de interés cultural, María Carolina Correal Zambrano.
Figura 1. Ilustración de Bogotá en la portada del libro-juego. Nota. La ilustración fue realizada por Luis Fernando Arenas Guerra (coautor de la obra). Fuente: Garra de Piedra. Departamento de Publicaciones de la Universidad Externado de Colombia.
Esta obra editorial y didáctica lanzada en el marco de la Feria Internacional del Libro (FILBo) 2026, es un juego de cartas que busca abrir diálogos y crear nuevas relaciones de sentido con los monumentos y las esculturas en el espacio público de Bogotá. Esta creación recopila bronces, yesos y mármoles que forman parte constitutiva del paisaje urbano, cuyas representaciones no solo celebran y conmemoran personajes, fechas y acontecimientos memorables, sino que también constituyen formas que desafían el olvido y proponen recordar determinados ideales, modelos y horizontes de sentido.
De acuerdo con el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural [IDPC] (2019), en el espacio público de Bogotá se identifican más de 700 monumentos y bienes muebles que conforman el patrimonio colectivo de la ciudad. Sin embargo, únicamente 118 cuentan con la declaratoria como Bienes de Interés Cultural del Ámbito Distrital (BIC). Gracias a dicha categoría, este conjunto de bienes cuenta tanto con la protección y defensa para su permanencia en el tiempo, como también con condiciones de apropiación social que garantizan su sostenibilidad y la adecuada conservación de su materialidad.
No obstante, a pesar de estos actos legislativos, conmemorativos y el esfuerzo de quienes los impulsan a lo largo del tiempo, puede afirmarse, en clave metafórica, que los juegos, las reglas, los jugadores y las circunstancias cambian; y, con ellos, también cambian el sentido, el significado y la interpretación de estos bienes.
En esa medida, los monumentos se cargan continuamente de nuevas valoraciones. Los criterios estéticos, las lecturas históricas, la carga simbólica, los testimonios sobres ellos y el impacto comunitario se transforman, se complementan y se superponen, para dar lugar a múltiples formas de comprenderlos. Así, estos “habitantes” de la ciudad, que a primera vista pueden parecer silenciosos, indiferentes e inermes, están siempre dispuestos a sostener diálogos y a servir de espejo de nuestras aspiraciones, nuestros anhelos y nuestros sentires.
De allí surgen preguntas inevitables: ¿Quiénes deciden qué se monumentaliza y cómo se toman esas decisiones? ¿Quiénes construyen los significados de esos bienes y de qué manera? ¿Cómo se determina el criterio de valor que se le otorga a cada uno? ¿Qué hacer si un monumento representa ideales opuestos a los propios? ¿Cómo actuar cuando el espacio urbano selecciona, visibiliza a unos y excluye a otros?
Como bien sostiene Le Goff (1991):
La memoria colectiva y su forma científica, la historia, se aplican a dos tipos de materiales: los documentos y los monumentos. En efecto, lo que sobrevive no es el complejo de lo que ha existido en el pasado, sino una elección realizada ya por las fuerzas que operan en el desenvolverse temporal del mundo y de la humanidad, ya por aquellos que se han ocupado del estudio del pasado y de los tiempos pasados, los historiadores. Tales materiales de la memoria pueden presentarse bajo dos formas principales: los monumentos, herederos del pasado, y los documentos, elección del historiador (p. 227)
Así pues, la publicación constituye una invitación para reflexionar sobre estos monumentos, en relación con dos momentos temporales: el de su creación y el presente que cada uno enfrenta, ya que hoy en día se han planteado discusiones y acciones simbólicas con respecto a su vigencia y lo que representan. Por ello, este juego parte de la idea de que el monumento es un objeto en disputa. Sin embargo, su propósito último es constituirse en un dispositivo pedagógico que invite a los jugadores a sorprenderse, divertirse y construir nuevas formas de relacionarse con estos bienes culturales.
Figura 2. Grupo de personas jugando Garra de Piedra. Nota. El registro se realizó en la Universidad Externado de Colombia como parte de las actividades de socialización de la obra. Fotografía de: Juan Esteban Silva Patiño, 2026.
Así, para dar inicio a la partida se reparten todas las cartas entre los jugadores. Cada participante conserva su mazo cerrado y revela la primera carta. El jugador inicial elige el valor colectivo del monumento con el que desea competir —estético, histórico, simbólico o social—, lo lee en voz alta y muestra su carta. Los demás jugadores leen ese mismo valor en sus respectivas cartas y quien obtenga el puntaje más alto gana el duelo y comienza la siguiente ronda.
En caso de empate, existen varias posibilidades: permitir que quien inició la ronda elija otro valor de su carta para desempatar; consultar el libro de descripciones y decidir por consenso quién gana; resolver el empate con base en los conocimientos o las experiencias directas de los jugadores con los monumentos; o llegar a un acuerdo conjunto.
Más allá de la mecánica del juego, Garra de Piedra invita a establecer una relación diferente con estos objetos y, al mismo tiempo, a conocer y explorar la ciudad y sus historias. El duelo de cartas funciona como una excusa para que los participantes, a partir de una experiencia lúdica, activen, compartan y confronten distintas miradas sobre el patrimonio cultural, y por qué no, profundicen sus concepciones sobre dicha noción.
Para tener en cuenta, el “patrimonio cultural” en Colombia fue caracterizado por la Ley 1185 de 2008. Con este marco legal se dio una nueva comprensión al concepto, entendido como el conjunto de:
[…] bienes materiales, manifestaciones inmateriales, productos y representaciones de la cultura que son expresión de la nacionalidad colombiana, tales como la lengua castellana, las lenguas y dialectos de las comunidades indígenas, negras y creoles, la tradición, el conocimiento ancestral, el paisaje cultural, las costumbres y los hábitos, así como los bienes materiales de naturaleza mueble e inmueble a los que se les atribuye, entre otros, especial interés histórico, artístico, científico, estético o simbólico en ámbitos como el plástico, arquitectónico, urbano, arqueológico, lingüístico, sonoro, musical, audiovisual, fílmico, testimonial, documental, literario, bibliográfico, museológico o antropológico. (Ley 1185 de 2008, Art. 4. Diario Oficial. No. 46929. 12, marzo, 2008)
A pesar de dicho marco jurídico y normativo, las disputas en torno al patrimonio están hoy a la orden del día. Uno de los escenarios más visibles de esta discusión es la radicalización de los ataques a monumentos y la activación negativa de sus representaciones. En este contexto, la obra ofrece una oportunidad para crear mecanismos de comunicación y escenarios de diálogo que enriquezcan la reflexión y contribuyan a construir posiciones informadas.
Figura 3. Monumento a las Banderas (acuarela por Luis Fernando Arenas Guerra). Nota. El conjunto escultórico se creó para la IX Conferencia Panamericana celebrada en 1948. Fuente: Garra de Piedra.
Máxime si se considera que el patrimonio cultural puede entenderse como un campo profundamente politizado, lejos de ser neutro en términos museológicos, ontológicos, epistemológicos e, incluso, fenomenológicos.
Desde esta perspectiva, el juego invita a comprender que el patrimonio no es simplemente un objeto, un lugar o una práctica específica. Más bien, constituye una construcción social que resulta de procesos de enunciación y de producción de verdades, procesos que con frecuencia implican un uso intencional del pasado y de la memoria colectiva. En consecuencia, toda producción patrimonial adquiere sentido desde las preguntas y necesidades del presente.
Ahora bien, la elaboración de Garra de Piedra implicó, en primer lugar, un ejercicio de curaduría orientado a seleccionar un conjunto de ‘bienes mueble”[1] que fueran más allá de las representaciones tradicionales de “próceres a caballo” o “símbolos intocables” y que permitieran alcanzar un equilibrio en la representación de la diversidad del espacio público de la ciudad.
Esta curaduría dio como resultado la selección de treinta y dos (32) monumentos que abarcan desde representaciones históricas tan importantes como la escultura de Simón Bolívar ubicada en la plaza mayor de Bogotá, hasta obras cargadas de grandes atributos estéticos como el Monumento a las Banderas ubicado en la localidad de Kennedy, y sociales como la figura en bronce de Leo Siegfried Kopp en el Cementerio Central.
Figura 4. Leo Siegfried Kopp (acuarela por Luis Fernando Arenas Guerra). Nota. La escultura está ubicada en el Cementerio Central y se le reconoce no solo por haber sido el fundador de Bavaria, sino también porque muchas personas acuden a pedirle favores al oído. Fuente: Garra de Piedra.
También se incluyeron en esta selección otros monumentos que tienen diferentes tipos de funciones dentro de la ciudad, como los que pertenecen al patrimonio barrial comunitario, entre ellos, el Bocadillo de Fe11; aquellos en los que el objeto se convirtió en un medio para la dinamización del espacio público, ya que activan dinámicas sociales y culturales a su alrededor, como la placa Homenaje a Jorge Eliécer Gaitán y La Pola; o el Monumento a Los Héroes, demolido por las obras de la primera línea del Metro de Bogotá.
Figura 5. Bocadillo de Fe 11 (acuarela por Luis Fernando Arenas Guerra). Nota. La creación colectiva ensamblada en hierro reciclado y soldadura está ubicada en el barrio Atanasio Girardot (localidad de Santa Fe) y fue dedicada a la memoria de un boxeador aficionado del sector. Fuente: Garra de Piedra.
En segundo lugar, supuso un riguroso trabajo de archivo, caracterización y análisis, acompañado por la recolección de información general sobre cada monumento y, de manera específica, sobre su valoración estética, histórica, simbólica y social, así como la recopilación de datos curiosos y significativos de su propia biografía.
Figura 6. Monumento a Los Héroes (acuarela por Luis Fernando Arenas Guerra). Nota. El conjunto monumental se construyó en homenaje a las batallas de la independencia (actualmente fue derribado por las obras del metro). Fuente: Garra de Piedra.
Como tercer paso, se realizaron recorridos para reconocer los distintos sectores de la ciudad donde se encuentran los monumentos seleccionados y capturar la esencia de cada uno a través del dibujo urbano, con base en sus ángulos visuales, la interacción o no de las personas con estos, la incidencia del sol o, incluso, la presencia de flora y fauna que contribuyera a darles sentido y contexto urbanístico. Este ejercicio dio como resultado un cuadernillo de 35 acuarelas creadas por Luis Fernando Arenas Guerra, correspondientes a la carta de cada monumento, las de comodín, penitencia y trámite burocrático.
Figura 7. La Gran Mariposa (acuarela por Luis Fernando Arenas Guerra). Nota. La escultura fue realizada por Édgar Negret y está ubicada en la plaza de San Victorino. Fuente: Garra de Piedra.
Finalmente, requirió un ejercicio consciente de diseño y evaluación de la jugabilidad, con el propósito de garantizar la fluidez de las partidas y las posibilidades de expansión y adaptación del juego.
En síntesis, Garra de Piedra busca generar espacios de diálogo, coproducir narrativas sobre el patrimonio y convertirse en un puente para reflexionar sobre la monumentalidad en la ciudad de Bogotá. Al mismo tiempo, propone nuevas formas de comunicar el patrimonio cultural y de promover su apropiación y activación social.
Figura 8. Ilustraciones de los monumentos del libro-juego. Nota. Las obras fueron realizadas por Luis Fernando Arenas Guerra en técnica de acuarela. Fotografía de: Juan Esteban Silva Patiño, 2026.
El Museo Pedagógico Colombiano salvaguarda y exhibe un amplio acervo cultural en relación con la historia, la memoria y las prácticas educativas y pedagógicas. Entre sus colecciones se conserva el libro-juego ‘Garra de Piedra’, diversas publicaciones sobre patrimonio cultural; mobiliario del aula antiguo; objetos para la instrucción en diferentes disciplinas escolares; material Montessori; juegos y juguetes; manuales y textos escolares; y archivos documentales y bibliográficos.
Convocamos a la comunidad de la Universidad Pedagógica Nacional (estudiantes, egresados, investigadores, docentes y personal administrativo) a miembros de colectivos pedagógicos y al público interesado, a visitarnos en el Centro Cultural ‘Paulo Freire’ de la universidad, ubicado en Bogotá en la calle 72 N.º 11 – 86 (Edificio ‘E’).
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Palabras claves: Garra de Piedra; Monumentos; Esculturas; Bienes culturales muebles; Patrimonio cultural; Apropiación social del patrimonio; Valor histórico; Valor estético; Valor simbólico; Museo Pedagógico Colombiano.
Autoría: Manuel Salge Ferro – Doctor en Antropología y docente-investigador de la Facultad de Comunicación Social-Periodismo de la Universidad Externado de Colombia. Luis Fernando Arenas Guerra – Profesional en arquitectura y experto sobre patrimonio cultural del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes. María Carolina Correal Zambrano – Profesional en conservación y restauración de bienes culturales muebles del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes. Revisión y corrección de estilo: Museo Pedagógico Colombiano.
Agradecimiento especial: Manuel Salge Ferro.
Referencias:
Instituto Distrital de Patrimonio Cultural. (2019). Bogotá cuenta con 118 Monumentos más declarados Bienes De Interés Cultural Distrital. IDPC. https://idpc.gov.co/bogota-cuenta-con-118-monumentos-mas-declarados-bienes-de-interes-cultural-distrital/
Le Goff, J. (1991). El orden de la memoria: el tiempo como imaginario. (Traducción de Hugo F. Bauzá). Barcelona: Paidos, 1991.
Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes. (2026) Patrimonio mueble – ¿Qué es un bien mueble? https://www.mincultura.gov.co/nuestropatrimoniomueble/SitePages/PatrimonioMueble.aspx
Salge Ferro, M., Arenas Guerra, L. & Correal Zambrano, M. (2025). Garra de piedra. Bogotá: Departamento de Publicaciones de la Universidad Externado de Colombia. Facultad de Comunicación Social-Periodismo.
Universidad Externado de Colombia. (2026, 5 de mayo). Manuel Salge, docente investigador de la Facultad de Comunicación Social Periodismo, presentó Garra de piedra. https://www.uexternado.edu.co/comunicacion-social-periodismo/manuel-salge-docente-investigador-de-la-facultad-de-comunicacion-social-periodismo-presento-garra-de-piedra/
[1] Los bienes muebles son aquellos objetos tangibles que pueden ser trasladados o desplazados de un lugar para ser ubicados en otro. Pueden considerarse de forma individual, cuando se trata de un solo objeto. Pueden ser un conjunto, cuando se reúnen varios objetos de una misma tipología […]. O ser una colección, donde se agrupan objetos de diferentes tipologías, como las colecciones de un museo […]. Fuente: https://www.mincultura.gov.co/nuestropatrimoniomueble/SitePages/PatrimonioMueble.aspx






















































