XXI Coloquio de Historia de la Educación, Valencia (España), Tercera circular

Estimados/as colegas y visitantes, compartimos la tercera circular del XXI Coloquio de Historia de la Educación que se celebrará en Valencia (España) del 6 al 8 julio del 2022 con el tema central: “Pedagogías alternativas y educación en los márgenes a lo largo de todo el siglo XX”.

Para mayor información, seguir el siguiente enlace: https://coloquiovalencia.sedhe.es/es

Para consultar la circular dar click en el siguiente enlace: Tercera_circular – XXI Coloquio de Historia de la Educación

Pieza del mes de octubre de 2021: Equipo de Destilación

Como pieza del mes, hemos seleccionado el Equipo de Destilación de la colección de implementos escolares de la enseñanza de las ciencias naturales (específicamente en la rama de la Química) del Museo Pedagógico Colombiano. Objeto de manufactura industrial, que perteneció al antiguo Laboratorio de Física y Química del Instituto Pedagógico Nacional para Señoritas, y que como otros objetos de su misma naturaleza fueron donados por la institución al Museo.

Desde el inicio de los tiempos, el hombre se ha inquietado por lo que pasa a su alrededor, cuestionándose acerca de los fenómenos visibles y aún más por aquellos difíciles de observar o incluso entender con facilidad, interrogándose el ¿Por qué? y el ¿Cómo? de lo que sucede en su entorno. Para poder resolver estas inquietudes, con el paso del tiempo se han ido desarrollando métodos que le permitieran comprender y conocer el mundo que lo rodeaba.

Uno de estos fue el desarrollo de la Química como ciencia, de la cual, muchos libros e historiadores señalan su inicio en el siglo XVII con el debate entre Hermann Conring y Ole Borch sobre cómo se originó la Alquimia en la antigüedad, lo que dio paso a la publicación de una gran cantidad de documentos con información de diferente índole acerca de la historia de la química. Durante las décadas siguientes la escritura de textos sobre la documentación histórica de esta continuó desarrollándose, sin embargo, fue hasta en el siglo XIX, cuando aparecieron las publicaciones más importantes acerca de la historia de la química, en su orden: Contribuciones a la historia de la química, vol. 1 y 2 (1869), Opiniones sobre la tarea de la química y sobre los componentes básicos del cuerpo entre los químicos más importantes desde Geber hasta G. E. Stahl. El descubrimiento de la composición del agua (1875); y Alquimia en tiempos antiguos y modernos: una contribución a la historia cultural, vol. 1 y 2 (1886), escritas y compiladas en varios volúmenes por el químico alemán Hermann Franz Moritz Kopp, quién realizó grandes aportes a esta ciencia y su historia.

Con la publicación de aquellos textos y otros más, en los años subsiguientes se masificó la trasmisión de esta disciplina en las distintas facultades de ciencias existentes en el mundo, junto con el surgimiento de las primeras instituciones dedicadas a la historia de esta ciencia. Así, por ejemplo, en Estados Unidos los trabajos de George Sarton contribuyeron a la consolidación de la química como ciencia (Bertomeu y García, 2008, p.58).

En el caso de Colombia, las ciencias naturales fueron el saber escolar de aparición –y aceptación– más reciente, y en el proceso de su inserción y difusión, hay que tener en cuenta tres acontecimientos que fueron antecedentes de este saber en nuestro territorio: la Real Expedición Botánica (1783–1808) liderada por José Celestino Mutis; la Comisión Corográfica (1850–1862) organizada por Agustín Codazzi; y la creación de las primeras cátedras universitarias de historia natural con áreas de estudio como la botánica, zoología, anatomía; anexas a la medicina.

Debido al rechazo de las Teorías de la Evolución, a lo largo del siglo XIX las iniciativas para difundir la biología no recibieron buena acogida en los círculos científicos de las comunidades religiosas que administraban muchas instituciones educativas, fue hasta finales de este siglo, cuando la historia natural como saber se extendió paulatinamente, en instituciones de educación secundaria como el Mayor de San Bartolomé y el Instituto de los Hermanos de la Salle, colegios que a inicios del siglo XX equiparon sus instalaciones con ejemplares de plantas y dibujos botánicos, animales disecados, esqueletos, órganos animales y diferentes tipos de minerales conservados en los denominados Museos Escolares.

Al respecto, el Museo de Historia Natural del Instituto de los Hermanos de La Salle establecido en 1910, no solo fue destinado para la enseñanza de la historia natural en general, sus colecciones fueron objeto de estudio para los hermanos ‘Lasallistas’ interesados en la ciencia; así, a partir de las experiencias de divulgación científica desarrolladas en este museo, se creó la Sociedad de Ciencias Naturales de La Salle, antecedente de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas Físicas y Naturales.

A inicios del siglo XX, los discursos principales que configuraban el currículo de las escuelas se centraban en el dominio de los cuerpos y por tanto de las mentes, de tal manera, por un lado, estaba la ciencia con el discurso médico de la Junta Central de Higiene; y por el otro, el discurso religioso de la Iglesia católica, refiriéndose estos dos al cuidado de sí, tanto para estudiantes como para maestros. Con el corte religioso que profesaba esa constitución de currículo,

[…] los responsables de la enseñanza de la química en los colegios eran médicos locales o religiosos dedicados a la docencia de esta disciplina. […] las clases las impartía el profesor, quien, ubicado en una plataforma frente al grupo de muchachos sentados en bancos, procedía a leer el texto de química. Cuando terminaba su lectura, lo cerraba y decía: “tienen que aprenderse eso”. […] estaba en manos de los religiosos decidir qué versión de ciencia y de actividad científica se socializaba. (Gallego, et al, citados en Torres y Guerrero, 2018, p.67)

Luego, con la aparición de la idea de desarrollo y modernización estatal, surgió la necesidad de adaptar la educación del país a este nuevo pensamiento, por lo cual, la Escuela dio un viraje de la centralidad religiosa, hacia una más guiada por la ciencia. Así, a mediados del siglo XX,

la Normal Superior se convertiría en la institución por excelencia en el proceso de modernización, pluralización e internacionalización del saber en el país” (Saldarriaga y Sáenz, s.f, p. 87),

ya que después del contacto de los científicos colombianos con los últimos avances e investigaciones, y con la llegada de nuevos intelectuales al país, se procuró incluir en las Normales los últimos progresos del saber. Para este fin, las primeras especialidades con las que contó la Escuela Normal Superior fueron: Ciencias Sociales, Filología e Idiomas, Ciencias Biológicas y Química, Física y Matemáticas. De allí que a finales del siglo XX se transformaran las planeaciones de los pénsums académicos concentrando en ellos nuevos objetivos, y metas para plantearle a la educación, implementando nuevas políticas en torno a las asignaturas que se dictaban, entre las cuales se encontraba la Química.

Un claro ejemplo de lo expuesto anteriormente, lo identificamos, cuando la enseñanza de la historia natural empezó a incluirse en el nivel de secundaria y en las instituciones de formación de maestros como el Instituto Pedagógico Nacional para Señoritas (IPN), que, según el Pénsum de 1936, concentró la enseñanza de las ciencias naturales en tres secciones: Biología; Física teórica y experimental; y Química orgánica e inorgánica. Además, el IPN fue dotado de materiales de enseñanza gracias a las donaciones realizadas entre 1927 y 1936 por diferentes instituciones, pero principalmente por la Segunda Misión Pedagógica Alemana (1924–1935) que donó el mobiliario y gran parte de las colecciones del Museo de Historia Natural que tenía sede en el IPN, como por ejemplo, el Material de Enseñanza Espasa-Calpe: Serie Historia Natural Aplicada, estuches con esqueletos de diferentes especies animales, órganos de mamíferos conservados en formol, herbarios de plantas del mundo, reproducciones en escayola de partes del cuerpo humano y una colección de animales disecados.

Posteriormente, las colecciones de aquel Museo fueron enriquecidas con especies nacionales de animales disecados y con herbarios e insectarios hechos por las maestras en formación. Algunos ejemplares conservados del Museo de Historia Natural del IPN y otros materiales antiguos del Laboratorio de Física y Química como el que estamos reseñando fueron donados al Museo Pedagógico Colombiano y ahora hacen parte de nuestra colección.

Laboratorio de Química del Instituto Pedagógico Nacional para Señoritas. (1932). [Fotografía]. Tomada de: Álbum Fotográfico del Instituto Pedagógico Nacional Para Señoritas, Escuelas Salesianas de Fotograbado, Tipografía y Encuadernación, 1932, Bogotá. Fuente: Museo Pedagógico Colombiano, Colección IPN.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Con respecto al nivel universitario, en 1801, José Celestino Mutis apostaría por el establecimiento de una Catedra de Química, junto con un laboratorio que debía funcionar de la mano con la Facultad de Medicina del Colegio del Rosario. Sin embargo, no sólo Mutis realizó estudios sobre esta ciencia, otros como Jorge Tadeo Lozano, José María Cabal, Juan del Corral, etc., también tuvieron la oportunidad de estudiar química en países europeos, aportando dichos conocimientos para hacer grandes contribuciones al temprano desarrollo de esta ciencia natural en Colombia.

A partir de este precedente, fue hasta 1929 con la fundación de la Escuela de Farmacia, cuando se iniciaron las actividades académicas regulares relacionadas con la química en el país. Más adelante, en 1938, se creó el Departamento de Química de la Universidad Nacional de Colombia, para la cual se asignó un presupuesto y la contratación de personal administrativo y docente. En los años siguientes se organizaron los estudios de Ingeniería Química y los cursos complementarios de la profesión; asuntos que sucedieron de manera tardía en otras universidades del país. El establecimiento de los estudios de química en Colombia, y el acercamiento a los nuevos saberes de las ciencias, trajo consigo nuevas perspectivas para entender el país y el mundo, a través de la composición, la experimentación y las propiedades de la materia y su transformación, por medio de ramas del saber cómo la Mineralogía, la Orgánica de los elementos, las Sustancias y las Mezclas; estas últimas son de gran importancia para entender la destilación, y poder comprender, cómo se utilizaba nuestra pieza del mes.

Una mezcla es un material que se encuentra conformado por dos o más sustancias unidas en cualquier proporción, pero que no se encuentran combinados en una reacción química, por lo que sus componentes mantienen su identidad y sus propiedades químicas existentes. Entre ellas encontramos las mezclas heterogéneas, en las cuales es posible reconocer sus compuestos, y las homogéneas, en las que el aspecto es uniforme, y sus componentes difíciles de diferenciar.

La separación de las mezclas constituye un procedimiento importante en la química, debido a que permite según el proceso que se elija (Decantación, Filtración, Tamizado, Destilación, etc.) obtener sustancias puras, que luego permitirán la elaboración de nuevos productos o incluso la vuelta al estado puro de estas sustancias como nuevos aportes a la ciencia. Debido a la composición de las sustancias, los métodos de separación y purificación de las mezclas son distintos, y entre estos encontramos la Destilación.

La Destilación es una de las técnicas de laboratorio más usadas de la industria química, petrolera farmacéutica, industria del perfume y la alimentaria, la cual consiste en la separación de dos o más sustancias líquidas que fueron mezcladas de forma homogénea con anterioridad; así, mediante el proceso físico de ebullición se usan los distintos tipos de hervor de los líquidos que constituyen la mezcla, y se compone de dos fases: la evaporación, en la que el líquido se convierte en vapor, y la condensación en la que el vapor se convierte en líquido.

Un alambique o destilador está compuesto de tres partes: una vasija en la que se calienta el material que se va a destilar, una parte fría para condensar el vapor producido y un recipiente para recogerlo” (Valiente,1996, p. 76).

La historia de la destilación se remonta a los alquimistas de las civilizaciones antiguas de Mesopotamia, Grecia, Roma, y Egipto, donde se usó esta técnica como baño de María para el tratamiento de sustancias volátiles y metales, uno de los ejemplos era la destilación del agua de mar, con el fin de usarla como agua para beber; mientras que, en Roma, se utilizó para procesos de destilación del vino. El plato que recogía los vapores se llamaba “ambix”,

posteriormente, ese término se usó para denominar al aparato completo de la destilación, en árabe al-inbīq, de donde procede nuestro alambique” (Valiente, 1996, p. 76).

Debido a la ausencia de otros instrumentos para la medición de las condiciones de las sustancias como: termómetros, disolventes, ácidos, entre otros, el campo de estudio estuvo limitado por mucho tiempo. Sin embargo, con anterioridad se realizaban alcoholes por este método como, por ejemplo, el vino y la cerveza, incluso en un contexto más cercano en la época prehispánica se elaboraron bebidas alcohólicas como el vino de mezcal en el territorio actual de México.

Fue gracias a los antiguos griegos y sus desarrollos de alta calidad en la alfarería, el tratamiento del vidrio y la porcelana, quienes facilitaron la tarea de los alquimistas de la época, pues inventaron hornos en forma de cilindro o cono, dentro de los cuales se ponían varios alambiques, que permitían producir agua de rosas e incluso gasolina, buscando la producción en masa de estos componentes. Un ejemplo de ello es como por medio de la mezcla de flores, frutas o hierbas con agua o alcohol, se lograban destilar los sólidos para la obtención de perfumes líquidos, produciendo así la destilación por la técnica de arrastre de vapor.

Dichos descubrimientos también tuvieron gran auge en Europa, donde se realizaron mejoras a las técnicas de destilado mediante el enfriamiento del tubo de salida del alambique, lo que permitió recuperar sustancias como el alcohol con menor punto de ebullición, los aportes para estos elementos permitieron que la química experimental de la época tuviera grandes avances. Luego, en la Edad Media, la destilación se practicó al interior de los monasterios religiosos y en algunos centros de conocimiento, pero los alcoholes obtenidos se usaban únicamente con finalidades terapéuticas, los primeros destilados de alcohol de uso médico fueron conocidos como “aqua vitae” (solución reconocida en la Alquimia como el elixir de la eterna juventud), que literalmente se traduce como “agua de vida”, y entre el siglo XIV y XV, su uso como remedio se extendió para el consumo eventual en diversas ocasiones y no únicamente para el tratamiento de diferentes malestares, fue a partir de ese momento cuando surgieron los primeros licores de Europa.

En la modernidad, Robert Boyle (pionero de la experimentación en el campo de la química en el siglo XVII) destiló alcohol de madera y vinagre, dando origen a la primera destilación analítica y descubriendo en 1661 el metanol, un tipo de alcohol que se usa mayormente para elaborar combustibles, disolventes y anticongelantes. Con el surgimiento de la Revolución Industrial en el siglo XVIII y las profundas transformaciones que implicó a nivel mundial, se le dieron nuevos usos a este proceso químico como, por ejemplo, la obtención de gas a partir de la destilación seca del carbón lo que le daría un empujón a la Industria del Gas. Ya a mediados del siglo XIX con la refinación del vidrio, los instrumentos de laboratorio lograron una ventaja al sustituir materiales como el metal y la cerámica por uno más resistente y maleable, como consecuencia los alambiques se modificaron también en estructura y material. Desde entonces, la destilación sería una de las técnicas de separación de mezclas más usadas en laboratorios y en la investigación química haciendo grandes aportes a la industria y por supuesto al mundo académico.

Como parte de la enseñanza en la química, se devela la importancia de este tipo de objetos para la didáctica de esta ciencia y para entender las mezclas como parte de la comprensión del mundo que rodea a los estudiantes, y asimismo de la naturaleza y las construcciones realizadas por el ser humano. A su vez, es esencial  conocer el método de separación de estas sustancias, exactamente con la técnica de destilación, que en el contexto de los laboratorios se constituyen como trabajos investigativos de experimentación y descubrimiento, que enlazan la teoría con la práctica, procedimientos que permiten la observación de los resultados, aprendiendo a través del ensayo y error, ya que

la Química requiere de mucha constancia; el trabajo en el laboratorio constituye una herramienta importantísima a la hora de lograr que los estudiantes desarrollen destrezas, habilidades y se adueñen de su propio conocimiento a través de la práctica” (Montero, 2016, p.11).

Se trata entonces de un trabajo colaborativo en el que puede ocurrir el diálogo, la participación activa, discusión de resultados, resolución de problemas, el intercambio de conocimientos, entre otras; en el que el profesor juega un papel muy importante en la guía y enseñanza de la técnica a través de la demostración y acompañamiento a los estudiantes en sus prácticas experimentales, por medio de las cuales, se puede lograr la apropiación, formación y fortalecimiento de los conocimientos específicos de esta área.

Para conocer el Equipo de Destilación del antiguo Instituto Pedagógico Nacional para Señoritas, otros objetos e implementos escolares de la historia y la práctica pedagógica, y los archivos pertenecientes a los fondos documentales y bibliográficos que salvaguardamos y exhibimos en el Museo Pedagógico Colombiano, convocamos a la comunidad de la Universidad Pedagógica Nacional, estudiantes, egresados, investigadores, docentes, administrativos y miembros externos de la comunidad académica, colectivos pedagógicos y a todas las personas interesadas en conocernos, apoyarnos y difundir nuestras labores, a visitarnos de lunes a viernes entre 8:00 a.m. y 4:00 p.m. en las nuevas instalaciones del Museo ubicadas en Bogotá en la calle 72 N.º 11 – 86 (Edificio ‘E’) en el Centro Cultural ‘Paulo Freire’ de la Universidad Pedagógica Nacional.

Igualmente los invitamos a seguirnos en nuestras redes sociales https://www.facebook.com/museopedagogicocolombiano/ y a explorar nuestra página web http://museopedagogico.pedagogica.edu.co/ para visualizar y compartir nuestros contenidos.

 

Palabras clave: Destilación; Química; Mezclas; Sustancias; Laboratorios de Química; Alambique; Pedagogía; Enseñanza; Historia de la Educación; Medicina; Museo Pedagógico Colombiano.

 

Referencias

Ministerio de Educación Nacional. (1932). Pensum-programa y reglamento del Instituto Pedagógico Nacional para señoritas. Bogotá: Escuela Tipográfica Salesiana.

Radke, F. (1936). Historia del Instituto Pedagógico Nacional para Señoritas desde 1927 hasta 1935. Bogotá: Editorial El Gráfico.

Catálogo general del Museo Pedagógico Colombiano. (2017). Sin publicar

Becerra, Diego & Restrepo, O. (1993, septiembre). Las ciencias en Colombia: 1783 – 1990. Una perspectiva histórico-sociológica. Revista Colombiana de Educación, (26). (s.f). https://doi.org/10.17227/01203916.5296

Bertomeu, J. & García A. (2008). La historia de la química: pequeña guía para navegantes. Parte I: Viejas y nuevas tendencias. Historia de la química, 104 (1). p. 56–63

Díaz, S.  & Mejía, M. (2010). Una etapa en el desarrollo de la química en Colombia, (primera edición). Gente Nueva – Universidad Nacional de Colombia.

Gutiérrez, A. (1992). 50 años de la química en Colombia. Revista colombiana de Química, 21 (1 y 2). p. 1–6

Montero, P., M. E. (2016). Destilación simple y fraccionada como estrategia metodológica para fortalecer el aprendizaje de la separación de los componentes de una mezcla en los estudiantes de primer año de bachillerato del colegio Hernán Gallardo Moscoso de la ciudad de Loja periodo académico 2013-2014. Tesis. Licenciatura en Ciencias de la Educación. Universidad Nacional de Loja, (Facultad de educación). Ecuador. 282 páginas.

Saldarriaga, O. & Sáenz, J. (2002). La Escuela Activa en Bogotá en la primera mitad del siglo XX: ¿un ideal pastoril para un modo urbano? Historia de la educación en Bogotá Tomo II. Instituto para la investigación educativa y el desarrollo pedagógico IDEP. p. 67–94.

Torres, G., y J.E. Guerrero Romero. (2018). El currículo de ciencias naturales en Colombia durante la segunda mitad del siglo XX: permanencias, transformaciones y rupturas. Actualidades Pedagógicas, (71), 63-87. https://doi.org/10.19052/ap.3885

Valiente, A. (1996). Historia de la destilación. Educación química, 7 (2), 76 – 82.  http://dx.doi.org/10.22201/fq.18708404e.1996.2.66669

 

II Congreso Nacional de la Sociedad Italiana para el Estudio del Patrimonio Histórico-Educativo

Estimados/as colegas y visitantes, la Sociedad Italiana para el Estudio del Patrimonio Histórico-Educativo (SIPSE), tiene el gusto de invitarlos al  II Congreso Nacional del SIPSE «El patrimonio histórico y educativo como recurso para la renovación de la enseñanza escolar y universitaria: experiencias y perspectivas». 

El Congreso, se desarrollará de forma virtual los días 7 y 8 de octubre de 2021 en la plataforma Zoom.

Para mayor información, seguir el siguiente enlace: https://congressare.it/eventi/86/IL+PATRIMONIO+STORICO-EDUCATIVO+COME+RISORSA+PER+IL+RINNOVAMENTO+DELLA+DIDATTICA+SCOLASTICA+E+UNIVERSITARIA+ESPERIENZE+E+PROSPETTIVE.html

Para consultar el programa dar click en el siguiente enlace: Programa II Congreso Nacional del SIPSE

Seminario: «Museos Y Colecciones en las Escuelas del Pasado y del Presente: Tránsitos entre Brasil y Francia»

Estimados/as colegas y visitantes, el Seminario tiene como principal objetivo reunir a investigadores de instituciones científicas y museológicas que estudian los museos escolares y la cultura material escolar para contribuir a su apreciación, salvaguardia y difusión, especialmente analizando los tránsitos entre Brasil y Francia.

Así, se busca abordar cuestiones relacionadas con los estudios históricos sobre los museos escolares de finales del siglo XIX y primera mitad del XX, en los que la influencia francesa fue casi hegemónica, y, al mismo tiempo, discutir aspectos relacionados con la conservación y extroversión de colecciones de origen francés que aún existen hoy en museos e instituciones educativas, así como su uso en actividades educativas.

El evento es de  inscripción gratuita, se desarrollará los días 27, 28 y 29 de septiembre de 2021, contará con la participación de expertos en los temas tratados, se transmitirá en línea, emitirá certificados, y habrá traducción simultánea francés – portugués – francés.

Para mayor información, seguir el siguiente enlace: Seminário “Museus e Coleções na escola no passado e no presente: trânsitos entre Brasil e França”

Pieza del mes de septiembre de 2021: Selección Samper Ortega de Literatura Colombiana.

Selección Samper Ortega de Literatura Colombiana. (1963) [Imagen]. Imagen de referencia tomada de: https://babel.banrepcultural.org/digital/collection/p17054coll10/search/searchterm/Biblioteca%20Aldeana

Como pieza del mes, hemos elegido la Selección Samper Ortega de Literatura Colombiana (Biblioteca Aldeana) de la colección de libros que pertenecen al Fondo Documental Bibliográfico del Museo Pedagógico Colombiano. Publicada entre 1928 y 1937, se trata de una recopilación compuesta por 100 volúmenes, y fue un conjunto de textos de amplia circulación en nuestro país e incluso con divulgación a nivel internacional, que incorporó obras de varios autores de la literatura colombiana de los siglos XIX y XX, las cuales se agruparon y clasificaron en diez categorías: Prosa literaria, Cuento y Novela, Cuadros de Costumbres, Historia y Leyendas, Ciencias y Educación, Ensayos, Periodismo, Oratoria, Poesía y Teatro. Inicialmente fueron publicadas por la Editorial Minerva, pero posteriormente se difundieron bajo el nombre de “Biblioteca Aldeana” con el auspicio del Ministerio de Educación Nacional.

El conjunto de obras que reseñamos, reconocida como la primera colección literaria que incluyó un extenso número de volúmenes y autores nacionales del país, comprendió lo más selecto de las letras nacionales que se hubieran escrito desde la Independencia y hasta la época de su publicación, siendo compiladas por el historiador, educador, escritor, editor de revistas y también director de la Biblioteca Nacional de Colombia entre 1931 y 1938, Daniel Samper Ortega (1895–1943), quién tuvo como propósito que, a través de las páginas de la Selección se retratara la naturaleza, las condiciones y las costumbres del territorio, así como la historia, y los frutos que había dejado en nuestro país el cultivo de las artes.

De educación ‘Pestalozziana’, Samper Ortega trajo la idea de desarrollar aquella revisión y compilación editorial, después de su regreso a Colombia en 1928. Además de organizar una recopilación bibliográfica, su interés era que esta selección de literatura nacional llegara al público extranjero (interesado en determinados temas y personajes colombianos), pero que principalmente llegara a los demás colombianos, quienes desconocían el retrato de su propio país por las limitaciones para la difusión y el acceso a los contenidos y la información, no obstante, para consolidar esta tarea –que no tenía equivalente en nuestro continente– estructuró  el sistema de Bibliotecas de Aldea (cimiento de lo que hoy se conoce como la Red Nacional de Bibliotecas Públicas), así cada ciudadano colombiano encontraría en las páginas de la Selección un instrumento de (auto)reconocimiento, de apropiación y estudio, para posicionar al país como un modelo para la producción intelectual en el territorio americano. 

Daniel Samper Ortega. (1930). [Fotografía]. Fuente: http://www.cervantesvirtual.com/descargaPdf/seleccion-samper-ortega-de-literatura-colombiana-1928-1937-semblanza-788529/


Según su concepto y en concordancia con la visión del ministro de Educación Luis López de Mesa, un proyecto de tal importancia que apuntara a construir un concepto sobre lo cultural y lo popular en el país, a partir de una recapitulación del pasado, hacía falta y era necesario prestarle ese servicio a la nación:

Difundiendo [el] pensamiento [colombiano] no solo dentro de su territorio sino en otras naciones” (Samper Ortega, 1937a, 9).

Por lo tanto, su trabajo para la creación de una empresa literaria y de difusión del acervo y patrimonio bibliográfico existente de nuestra región, coincidió con la voluntad ilustrada de progreso para la modernización de la nación colombiana de las primeras décadas del siglo XX, por la cual, el país se transformaría con miras a la definición de un Estado moderno, desarrollando la industria, y entre otras acciones llevando a cabo reformas que repercutirían en el contexto social y cultural.

Con estos propósitos, desde el gobierno central y por intermedio del Ministerio de Educación, se crearon estrategias que buscaban integrar política e ideológicamente la nación, en este sentido, la educación se convirtió en un asunto de orden nacional, que concentró la atención de intelectuales, y los esfuerzos de las escuelas y otros escenarios de instrucción, desde donde se inculcaron nuevos modelos de vida y los valores ciudadanos acordes con la noción de un nuevo Estado, que perseguían la formación de la sociedad activa y pensante que se quería establecer.

Entonces el gobierno de la República Liberal, vigente en aquel tiempo y liderado por Alfonso López Pumarejo, vislumbró en la educación un instrumento para la modernización, y en 1934 se creó, la Campaña de Cultura Aldeana, dentro de la cual se inscribieron las Bibliotecas Aldeanas de Colombia, como programa ejecutado por el ministro López de Mesa, quién comprendía las necesidades del país en el ámbito cultural y educativo, e impulsó una política encaminada al “esclarecimiento de la conciencia nacional” (López de Mesa, 1927). Según el ministro, la población requería entender el saber y las ideas contenidas en los libros, y aunque tal proyecto era costoso y de difícil cumplimiento, su ejecución era fundamental para aumentar “el nivel cultural de las masas populares de todo el país”, por lo tanto, la difusión de materiales escritos fue una tarea prioritaria en los planteamientos educativos de este gobierno.

De esta forma, la Campaña de Cultura Aldeana, se planeó tomando como referencia a los pueblos que tenían menos de cinco mil habitantes y, a las escuelas, como escenarios determinantes, donde el gobierno, a través del Ministerio de Educación Nacional, haría llegar todos los recursos arquitectónicos, técnicos, físicos y humanos necesarios para su ejecución, como por ejemplo: planos arquitectónicos de las escuelas, radio, profesores, inspectores de educación, entre otros; por otra parte, la realización de aquel plan se basó entre otras acciones, en la organización para las ciudades de mayor población de diferentes bibliotecas que funcionarían como sucursales de la Biblioteca Nacional, la creación de bibliotecas itinerantes para cubrir las regiones más apartadas, y la difusión de prácticas para la introducción de hábitos de lectura, pero especialmente, la adquisición de textos impresos (libros, cartillas, revistas y documentos) para proveer a los maestros de los materiales necesarios para su práctica pedagógica fue esencial para el desarrollo del plan. 

Estrategias y esfuerzo amplio que se vio reflejado en las interesantes cifras que arrojó el censo elaborado en 1936 por el Ministerio de Educación, en el que se destacaban la existencia de 674 Bibliotecas Aldeanas en todo el país, y la distribución de 95.462 ejemplares impresos; igualmente, el número de lectores de la Biblioteca Nacional había pasado a ser de 125.890 en 1935, y teniendo en cuenta que en 1931 era de 32.683, dicho aumento era evidencia del éxito del Gobierno Liberal en materia educativa.

Descrito el contexto político al que pertenece la colección de libros que conforman nuestra pieza del mes, hay que tener en cuenta que para la construcción de esta biblioteca de autores colombianos las concepciones de López de Mesa fueron consideradas por Samper Ortega, y según su perspectiva e interés como docente, la selección de obras escogidas obedeció a una serie de escritores, géneros y corrientes literarias colombianas que él de antemano conocía para el desarrollo de sus clases, por tanto, muchos de los títulos incluidos, respondieron a claros propósitos académicos y educativos.

Editada por el Ministerio de Educación, el ministro López de Mesa concebía a las colecciones que conformaron la Biblioteca Aldeana como “núcleos de iniciación” a las “obras fundamentales de la cultura humana”, y estas dividieron en las siguientes secciones: Literatura Universal, Obras Nacionales, Manuales de Instrucción y Obras Generales de Consulta. En ese orden de ideas, la Selección Samper Ortega hizo parte de la sección de Obras Nacionales, y cada uno de sus títulos iniciaba con una semblanza del autor, su tamaño era de 13 cm X 18,7 cm (o más pequeños de 8,5 cm X 12,5 cm) –siendo una colección de bolsillo– y la extensión de cada uno de los textos tenía entre 150 y 180 páginas, además, en la parte superior de todas las carátulas, destacaba el nombre de la colección: “BIBLIOTECA ALDEANA DE COLOMBIA”, más abajo, encontrábamos el título de cada obra, seguido por el de su autor, y finalizaba con una ilustración del Observatorio Astronómico Nacional, una de las estructuras arquitectónicas emblema del espíritu científico y el descubrimiento del territorio nacional.

Biblioteca Aldeana de Colombia. (2021). [Fotografía]. Fuente: Museo Pedagógico Colombiano.

Respecto a la gestión para la reproducción de los textos, el contrato se hizo en asociación con la Editorial Minerva S. A., que contaba con un taller de imprenta y ya tenía experiencia en el mundo de la impresión de publicaciones periódicas, como: Bogotá Cómico: semanario ilustrado (1917), El Santafereño (1919), El Combate: interdiario conservador (1919) o Revista del Instituto Técnico Central (c. 1919-1922), cuando era conocida como Tipografía Minerva. Así el proceso de producción editorial de la Selección se inició en 1932, no obstante, en 1935, Minerva atravesaba dificultades económicas, que le impedían cumplir a cabalidad con el objetivo y continuar con regularidad la impresión y distribución de las obras. El contrato tenía como meta distribuir 2.000 colecciones de la Selección, y convenía la impresión de 200.000 ejemplares, que debían estar listos en solo ocho meses, pero la infraestructura técnica de la Editorial no alcanzaba para esa gran cantidad, motivo por el cual, para lograr la publicación completa de la Selección en 1936 y cumplir con la meta inicialmente acordada, contó con el apoyo de otras imprentas que se subcontrataron.

Entre sus numerosas obras, a nuestro criterio destacamos los siguientes títulos: 2. El castellano en América, Rufino José Cuervo; 8. Crítica literaria, Antonio Gómez Restrepo; 12. Novelas, Tomás Carrasquilla; 15. Cuentos, José Marta y Evaristo Rivas Groot; 21. Cuadros de costumbres, José Manuel Groot; 25. Un domingo en casa y otros cuadros, Ricardo Silva; 31. Historia de la Nueva Granada, José Manuel Restrepo; 36. El Dorado, Eduardo Posada; 44. Cuadros de la naturaleza, Joaquín Antonio Uribe; 48. La Expedición Botánica, Florentino Vezga; 50. Sobre el problema de la educación nacional, Agustín Nieto Caballero; 51. Las letras, las ciencias y las bellas artes en Colombia, Sergio Arboleda; 58. La sabana de Bogotá, Tomás Rueda Vargas; 62. Periodistas de los albores de la república (Jorge Tadeo Lozano, Fray Diego Francisco Padilla, José María Salazar y Juan García del Río); 66. Prosa política, Carlos Martínez Silva; 71, Antonio Nariño, F. de P, Santander y Julio Arboleda; 72. Bolívar, Camilo Torres y Francisco Antonio Zea; 87. Los poetas (De la Patria), Varios autores; 88. Los poetas (Fábulas y cuentos), Varios autores; 91. Las convulsiones y Doraminta, Luis Vargas Tejada; y 100. El regreso de Eva, Jorge Zalamea.

Para finalizar, resaltamos el legado histórico de esta colección de obras, no solo por su importancia e impacto para la construcción de la memoria literaria colombiana y como precedente en la historia de la producción editorial de nuestro país, sino también por su huella educativa que además de cultivar el ejercicio de la lectura, –desde una perspectiva política– contribuyó a encontrar un rumbo intelectual para la transformación de la mentalidad de la población colombiana acercándola a través de los textos a la compresión de la realidad social de la nación.

Por otra parte, el aporte de la Selección, en cuanto se refiere al alcance que tuvo, para llegar al mayor número posible de lectores colombianos, permitió concebir una imagen del país desde distintas áreas del conocimiento, siendo sus textos un referente tanto para eruditos como para curiosos; pensar la literatura colombiana a partir de nuevas formas textuales y editoriales, de géneros y categorías, y organizarla a través de esta colección de libros, logró acercar a nuevos lectores, quienes hasta el momento no tenían acceso a autores y obras, o incluso, a discursos académicos y culturales. Asimismo, no podemos dejar de lado la labor fundamental que desarrolló Daniel Samper Mendoza, como compilador de aquellas obras representativas de la literatura colombiana de la época, las cuales se reconocen como un valioso acopio divulgativo del patrimonio intelectual, científico y literario de Colombia.

Para conocer la Selección Samper Ortega de Literatura Colombiana (Biblioteca Aldeana), otros textos, manuales de alfabetización y demás archivos pertenecientes al fondo documental; y también los objetos e implementos escolares de la historia y la práctica pedagógica que salvaguardamos y exhibimos en el Museo Pedagógico Colombiano, convocamos a la comunidad de la Universidad Pedagógica Nacional, estudiantes, egresados, investigadores, docentes, administrativos y miembros externos de la comunidad académica, colectivos pedagógicos y a todas las personas interesadas en conocernos, apoyarnos y difundir nuestras labores, a visitarnos de lunes a viernes entre 8:00 a.m. y 4:00 p.m.  en las nuevas instalaciones del Museo ubicadas en Bogotá en la calle 72 N.º 11 – 86 (Edificio ‘E’) en el Centro Cultural ‘Paulo Freire’ de la Universidad Pedagógica Nacional.

Igualmente los invitamos a seguirnos en nuestras redes sociales https://www.facebook.com/museopedagogicocolombiano/ y a explorar nuestra página web http://museopedagogico.pedagogica.edu.co/ para visualizar y compartir nuestros contenidos.

 

Palabras clave: Selección Samper Ortega; Biblioteca Aldeana; Literatura Colombiana; Educación; Lectura; Enseñanza; Republica Liberal; Bibliotecas; Museo Pedagógico Colombiano.

 

Referencias

Biblioteca.udea.edu.co (2021). Selección Samper Ortega de Literatura Colombiana (Biblioteca Aldeana). Sistema de Bibliotecas. Fecha de consulta: Septiembre 1 de 2021. Desde: http://biblioteca.udea.edu.co:8080/leo/handle/123456789/1402

Siise.bibliotecanacional.gov.co (2021). Colección Digital Samper Ortega. Fecha de consulta: Septiembre 1 de 2021. Desde: https://siise.bibliotecanacional.gov.co/BBCC/(X(1)S(1hqkwjrcryqo1jzhcmwrbu2h))/Home/AcercaDe/2?AspxAutoDetectCookieSupport=1  

Herrera M. C., & Jilmar Díaz C. (2010). BIBLIOTECAS Y LECTORES EN EL SIGLO XX COLOMBIANO: LA BIBLIOTECA ALDEANA DE COLOMBIA. Revista Educación Y Pedagogía, 13(29-30), 101-111. Recuperado de: https://revistas.udea.edu.co/index.php/revistaeyp/article/view/7510 4

Pineda Cupa, M. Á. (2017). «Semblanza de Selección Samper Ortega de Literatura Colombiana (1928-1937)». Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes – Portal Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIX-XXI) – EDI-RED. Recuperado de: http://www.cervantesvirtual.com/obra/seleccionsamper-ortega-de-literatura-colombiana-1928-1937-semblanza-788529/

Pineda Cupa, M. Á. (2019). La edición de la Selección Samper Ortega de Literatura Colombiana: Bibliotecas, editoriales e imprentas en la década de 1930. Información, Cultura Y Sociedad, (40), 69-92. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6963050

Samper Ortega, Daniel. 1937a. Selección Samper Ortega de Literatura Colombiana. Índices. Bogotá: Editorial Minerva S. A.

3er. Ciclo de conferencias 2021-2 – Historia de la educación, cultura y memoria pedagógica

Estimados/as colegas y visitantes, la Facultad de Educación de la Universidad Pedagógica Nacional, invita al 3er. Ciclo de Conferencias 2021-2 – Historia de la Educación, Cultura y Memoria Pedagógica, que se va a desarrollar en 5 sesiones, divididas así: 24 de agosto, 7 de septiembre, 24 de septiembre, 26 de octubre y 23 de noviembre, todas desde las 10:00 a.m.

Para unirse a las sesiones, seguir el siguiente enlace: 3er. Ciclo de Conferencias: Historia de la educación, cultura y memoria pedagógica

 

Panel: «El patrimonio escolar, su conservación y las investigaciones que se realizan en torno a la colección de museo»

Estimados/as colegas y visitantes, en el marco del Proyecto internacional La memoria de las cosas y de las prácticas: la cultura material escolar y la vida cotidiana en la escuela argentina, chilena y colombiana, se va a desarrollar el próximo viernes 20 de agosto, el Panel: «El patrimonio escolar, su conservación y las investigaciones que se realizan en torno a la colección de museo«, a las 3:30 p.m. COL, 4:30 p.m. CL y 5:30 p.m. ARG.

Para unirse al Panel, seguir el siguiente enlace: El patrimonio escolar, su conservación y las investigaciones que se realizan en torno a la colección de museo

 

 

Genealogía de la figura del Maestro

Comenius, J. A. (2017). XCVII La Escuela. [Ilustración]. Fuente: Orbis Sensualium Pictus – ‘El Mundo en Imágenes’, p. 113.

Ciertas condiciones propias de la cultura le asignaron al maestro un conjunto de responsabilidades que lo hicieron apóstol, pedagogo y funcionario.

Se había creado la necesidad de la instrucción de la juventud para construir la patria civilizada y próspera que el mundo reclamaba para las naciones, pero este requerimiento social, había que asignárselo a aquellas personas que reunieran las condiciones necesarias.

Se trataba pues de un encargo de la sociedad; todos los retos a los que se enfrentaba la nación estaban hablando de los deberes que tenía aquel sujeto. No fue solamente un mandato divino, también fue un encargo de los hombres. Al principio no había que definir reglamentariamente sus funciones pues era el espíritu de la época el que reclamaba un hombre con cualidades de apóstol y pedagogo, cualidades que por demás dejaban ver los valores vigentes de aquel siglo.

Pero la vocación no bastaba. No bastaba la buena voluntad y la intachable conducta, no bastaba la paciencia, la tolerancia y la fortaleza de carácter, era necesaria además del cúmulo de conocimientos, una destreza y una capacitación especial en el arte de enseñar.

En cuanto encargo, debía entender su labor como un destino, pues el camino estaría trazado y no habría lugar a desviaciones. Él mismo era parte de ese destino, su vida debía “reglarse” de acuerdo con las pautas de conducta que se le impusieron. Además de ser un hombre capaz y de madura edad, debía ser de muy arreglada conducta y honrados procederes: paciente, constante, perseverante y de buena familia. Su vida: ejemplar y virtuosa, hombre recto, buen súbdito y excelente padre de familia. Su abnegación y absoluta consagración a la patria eran imprescindibles. Se recomendaba que fuera casado y mayor de 18 años y no podía padecer enfermedad crónica o contagiosa.

Con todo, éste debía ser un oficio para ejercer por vocación. Quien no le tuviera amor a la profesión debía abandonar su puesto. Evidentemente se reconocía que era una ardua labor. De allí que se necesitaran apóstoles, hombres que con singular y decidido empeño emprendieran tan ingrata y difícil misión.

El Director de la Escuela, por la importancia de las funciones que ejerce, es uno de los primeros funcionarios del Distrito y tiene el deber de arreglar su conducta de manera que en su vida pública y privada sirva de tipo a todos los ciudadanos […] debe estar sostenido y animado por un profundo sentimiento de la importancia moral de sus funciones y fundar su principal recompensa en la satisfacción de servir a los demás hombres, y de contribuir al bien público […]. Se hará amar y respetar, no solo de sus discípulos, sino de toda la sociedad en que viva; será pundoroso y leal en sus relaciones, benévolo y afable en su trato, cumplido en sus maneras; pero deberá mostrar en todas ocasiones firmeza de carácter, para hacerse obedecer y respetar […] las faltas graves contra la moral, así en su vida pública, como en su vida privada, serán castigadas en un Maestro de Escuela con la destitución del empleo […] le está severamenmte prohibido el roce con personas reputadas como de mala conducta en el lugar, y la entrada a tabernas y casas de juego […]. Las autoridades dispensarán a los Directores de escuela una consideración especial una deferencia respetuosa, en atención al augusto ministerio que desempeña […] no podrá, sin el permiso de la Inspección local, aumentar sus medios de subsistencia con el ejercicio de funciones accesorias, o de una profesión u oficio cualquiera y este permiso se rehusará siempre que el oficio o profesión comprometa la dignidad o moralidad del Institutor, o lo distraiga de sus funciones principales […]”
Señores maestros, la suerte de la Patria ha quedado depositada en vuestras manos […]” 

Obviamente no podía ser menos que ingrata aquella misión y solamente apta para quienes estuvieran dispuestos a sacrificar su vida en servicio a los demás: Un apóstol. A él y al cura -mentores de la moral- se les había confiado el sagrado propósito de velar por el bien.

Pero la vocación no bastaba. No bastaba la buena voluntad y la intachable conducta, no bastaba la paciencia, la tolerancia y la fortaleza de carácter, era necesaria además del cúmulo de conocimientos, una destreza y una capacitación especial en el arte de enseñar.

Al principio era poco lo que se exigía a este nivel:

[…] pericia en leer y escribir, tintura de aritmética y capacidad para imbuir a los jóvenes máximas sanas de moral cristiana y política”.

Pero poco a poco los requerimientos fueron mayores; entonces se hizo necesario atender la cuestión a través del método. Este sería un procedimiento fácil de aprender por el cual la enseñanza se haría efectiva y útil. No era más, ciertamente, pero había que estudiarlo: con el método lancasteriano se ensayó la Escuela Mutua, aquélla donde el maestro perito, a través de monitores, enseñaba el procedimiento a seguir en cada caso.

Algunas de estas escuelas se constituyeron en las primeras Normales cuando expidieron certificados que acreditaban haberse instruido en el método, tener buena conducta en lo político y moral y desempeñarse en su destino, de una forma exacta y cabal.

Referencias:

Decreto Número 595 de 1886, por el cual se organiza la Instrucción Pública Primaria. El Boyacense. Tunja, Diciembre 21de 1886, No. 11, pág. 83.

Decreto del Inspector General. El Boyacense. Tunja, Octubre 5 de 1888, No. 145, pág. 1159.65

Título tomado del libro: Y la escuela se hizo necesario. En busca del sentido actual de la escuela.  Autor: Alejandro Álvarez Gallego. pp. 62-65

 

Tomado de la web de la Editorial Magisterio para visitar el contenido haga click en el siguiente enlace Genealogía de la figura del maestro