Pieza del mes junio de 2018: Cilindros de Botón (Material Montessori)

Los cilindros de botón son uno de los objetos más reconocidos del material Montessori utilizado en varias escuelas alrededor del mundo desde el siglo XX. El material didáctico Montessori se sustenta en el trabajo que desarrolló la italiana María Tecla Artemisia Montessori (1870—1952) médica con formación en biología y antropología que a partir de su trabajo de psicología experimental con niños, denominados en la época, ‘anormales‘ y de los estudios de esta población de los médicos franceses Jean Itard (1774—1838) y Edward Séguin (1812—1880), fundamentó un método de enseñanza para niños normales que se consolidó como método pedagógico a través de la experiencia de las ‘casas bambini‘ que inicialmente fueron inauguradas en barrios obreros de Italia para evitar el abandono de los niños en las calles.

Tres son los pilares del método de enseñanza de Montessori: “el ambiente adecuado, el maestro humilde y el material científico» (Montessori, 1950, p. 15). Para ella el ambiente hacía referencia al lugar adecuado por el adulto para que el niño creciera y se descubriera a sí mismo en medio de su mundo, en consecuencia el maestro debe conocer y respetar la personalidad del niño y su grado de desarrollo. Referente al material, para la médica italiana (2013) los mismos objetos, sensitivamente atractivos, podían tener un poder de sugestión, reclamando la actividad del niño para que desarrollen habilidades mediante su manipulación, es por ello que resaltaba dichos objetos en la experiencia de las Casas Bambini:

Al mismo tiempo, hice fabricar un material científico exactamente igual al que yo usaba en una institución de niños con discapacidad mental, el cual por haber sido utilizado para ese objeto nadie pensó que pudiera llegar a ser un material escolar. No hay que imaginar que el “ambiente” de la primera Casa de los niños fuera amable y gracioso como el que presentan en la actualidad estos colegios (Montessori, 1907, p.1).

Montessori en su método hacía referencia a diferentes materiales de enseñanza para el desarrollo de diferentes habilidades como: discriminación visual, motricidad, lectura, matemática y vida cotidiana (higiene y cuidado de sí). Los Cilindros de botón hacen parte de los materiales sensoriales específicamente para trabajar la percepción visual de las diferentes dimensiones (grosor altura y tamaño), junto con la torre rosa, escalera marrón, cilindros sin botón, listones rojos entre otros. Los cilindros tienen por función desarrollar la discriminación visual y dimensional, así como mejorar el agarre de pinza (movimiento básico de la escritura). Uno de los sentidos que más se desarrollaba mediante este material, es el denominado por Montessori como el estereognóstico, definido como el sentido por el cual el niño mediante el tacto descubre e identifica volúmenes.

Los ejemplares de los cilindros de botón de la colección del Museo Pedagógico se componen de tres soportes macizos de madera con las siguientes dimensiones: 46 cm de largo, 6 cm de altura y 6 cm de ancho. Cada bloque de madera tiene diez orificios donde se encajan diez piezas de madera de forma cilíndrica que tienen en la punta un botón torneado del misma material. Los bloques de madera tienen las siguientes características:

Cilindros de Botón. Colección Montessori. Fuente: Museo Pedagógico Colombiano.

 

Bloque 1: diferente altura y diferente grosor.

 

 

 

 

 

Cilindros de Botón. Colección Montessori. Fuente: Museo Pedagógico Colombiano.

 

 

 

Bloque 2: misma altura diferente grosor.

 

 

 

 

Cilindros de Botón. Colección Montessori. Fuente: Museo Pedagógico Colombiano.

 

 

 

 

Bloque 3: mismo grosor diferente altura.

 

 

 

 

 

 

 


La manera de emplear este material según El método de la pedagogía científica de Montessori era entregar al niño la totalidad de los cilindros de botón incrustados en los listones de madera para que él interactuara con estos, así:

Después de que el niño se ha ejercitado durante algún tiempo en el manejo de los encajes sólidos (cilindros) y ha adquirido seguridad en el ejercicio, la maestra coge todo los cilindros de igual altura y los coloca sobre la mesa uno al lado del otro. Entonces escoge los dos extremos y dice: este es el lado más grueso o este es el lado más delgado, colocándolos de lado para que el contraste sea más evidente (Montessori, 1950, p. 69).

Sucesivamente la maestra mostraba a los niños las diferencias y características de cada cilindro respecto a los otros y finalmente realizaba un ejercicio de comprobación con el niño solicitándole que indicara alguna relación dimensional. Otros materiales de la colección material didáctico Montessori que se encuentran en el Museo Pedagógico son: cubos de 1000, caja de cuentas doradas, caja de usos, tablillas de 100, tablas de Seguin, resaques de madera y bastidores con cordones.

Para conocer el Cilindros de Botón Montessori, otros materiales didácticos de esta misma colección, los objetos e implementos escolares de la historia, la memoria y la práctica educativa y pedagógica; y los archivos, textos y manuales pertenecientes a los fondos documentales que salvaguardamos y exhibimos en el Museo Pedagógico Colombiano, convocamos a la comunidad de la Universidad Pedagógica Nacional, estudiantes, egresados, investigadores, docentes, administrativos y miembros externos de la comunidad académica, colectivos pedagógicos y a todas las personas interesadas en conocernos, apoyarnos y difundir nuestras labores, a visitarnos de lunes a viernes entre 8:00 a.m. y 5:00 p.m. en las instalaciones del Museo ubicadas en Bogotá en la calle 72 N.º 11 – 86 (Edificio ‘E’) en el Centro Cultural ‘Paulo Freire’ de la Universidad Pedagógica Nacional.

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Palabras clave: Cilindros de Botón; Sentido estereognóstico; María Montessori; Material Didáctico; Escuela Activa; Infancia; Formación de Maestras; Museo Pedagógico Colombiano.

 

Referencias:

Montessori, M. (1950). El método de la pedagogía científica aplicado a la educación de la infancia. Barcelona: Biblioteca Nueva.

Montessori, M. (2013) El niño el secreto de la infancia. México: Editorial Diana.

Montessori, M. (1907). Palabras de inauguración casa dei Bambini. España: Blog Montesorri para todos. Recuperado de: https://montessoriparatodos.es

Pieza del mes de mayo de 2018: Cartilla Lacónica de las Quatro Reglas de Aritmética Práctica

Para el mes de mayo, mes en que conmemoramos al maestro en nuestro país, escogimos esta “lacónica” cartilla de 22 páginas, publicada en 1797, porque se trata del primer texto de carácter didáctico publicado por un maestro en el territorio de lo que es hoy Colombia. La cartilla, como lo mencionan los investigadores Martínez, Castro y Noguera (1999, p. 109), “constituye un acontecimiento discursivo sin precedentes para aquel momento, en el que el acto de escribir estaba restringido a una preclara élite, y la circulación de impresos, celosamente controlada por el poder civil y eclesiástico”[1]. Su autor, Don Agustín Joseph de Torres, encarnó el ideal del maestro como intelectual en la medida en que, a pesar de sus precarias condiciones laborales, a pesar de sus “urgencias lloradas” (como él mismo llamaba a su injusta situación que lo mantuvo a lo largo de su vida laboral como una especie de mendigo de un salario), consiguió escribir una cartilla, obtener el permiso para publicarla por parte de las autoridades virreinales y eclesiásticas y, además, financiarla de su propio peculio.

Don Agustín Joseph de Torres, nombrado maestro desde diciembre 13 de 1775, fue el cuarto maestro de la escuela de San Carlos de Santafé, primera escuela pública de la ciudad y de todo el Virreinato. Dicha escuela fue el lugar donde, por más de cuatro décadas, Don Agustín procuró, como él decía, “la más perfecta educación en costumbres, letras e instrucción de la Religión”. Así aparece de su pulso y letra en uno de los expedientes del Archivo Nacional Histórico de Madrid[2], el registro de su voz, como una entre otras de muchos otros maestros que en el Virreinato de la Nueva Granada escribieron, antes que cartillas o materiales escolares, sendos expedientes con los que reclamaban el justo pago de su salario o el aumento del mismo para no perecer ahogados en sus “urgencias lloradas”.

Portada de la Cartilla Lacónica de las quatro reglas de aritmética práctica. 1797

El trabajo de Don Agustín Joseph con su cartilla representa el saber de la aritmética práctica, saber derivado de las necesidades de vida cotidiana de la Santafé colonial con su naciente actividad mercantil en el que la aritmética tenía una función primordial en la resolución de problemas domésticos y comerciales. Como lo señala el propio maestro Torres, la cartilla tenía como propósito que “la puerilidad tenga algunos principios de instrucción en beneficio del bien público” (Torres, 1797, p. 1) dada la escasa instrucción de la gran mayoría de la población en esta materia.

Se conmemora la publicación de esta cartilla lacónica en el marco de la celebración del día del maestro como una tentativa de recuperar la propia historia de los avatares y vicisitudes del magisterio nacional y en contraposición al carácter meramente religioso que tiene en Colombia el día 15 de mayo (la canonización de San Juan Bautista, fundador de la comunidad de Hermanos de las Escuelas Cristianas). De esta forma, pretendemos llamar la atención sobre un maestro público como Don Agustín Joseph de Torres que no es sólo un caso entre otros. Si bien su rostro y muchos datos de su vida nos resultan desconocidos, consiguió lo que bien puede considerarse un acontecimiento de orden pedagógico: escribir y publicar un texto para la enseñanza, una Cartilla Lacónica de las Quatro Reglas de Aritmética Práctica.

Esta Cartilla es pieza fundamental de una exposición organizada por el IDEP y el Museo Pedagógico en 2005 Paradojas del Maestro que tiene una versión virtual en las exposiciones de esta página. La cartilla digitalizada se cuenta digitalizada en la sección de manuales escolares.

Referencias bibliográficas

Martínez, A; Castro, O; Noguera, E. (1999). ). Maestro, escuela y vida cotidiana en Santafé colonial. Bogotá: Sociedad Colombina de Pedagogía- SOCOLPE.

Torres A. (1797). Cartilla Lacónica de las quatro reglas de Aritmética práctica. Santafé: imprenta patriótica.

Notas 

[1] La alusión de la cartilla Lacónica de las quatro reglas de Aritmética práctica como hecho singular de un maestro público de finales de siglo XVIII se encuentra descrito en el libro Maestro, escuela y vida cotidiana en Santafé colonial  (1999) de los autores Alberto Martínez Boom, Jorge Orlando Castro y Carlos Ernesto Noguera. Texto producido en el marco del proyecto de investigación Historia de la práctica pedagógica durante la Colonia, financiado por la Universidad Pedagógica Nacional y Colciencias.

[2]Archivo Histórico Nacional de Madrid, Sección Jesuitas, Legajo 92, documento 17.

Pieza del mes de abril de 2018: Mobiliario Escolar Antiguo

Colección mobiliario escolar Museo Pedagógico Colombiano UPN.

Con mobiliario escolar se hace referencia comúnmente a varios de los objetos de los salones de clases (estantes, bibliotecas, mesas auxiliares), sin embargo en los tratados sobre higiene del siglo XIX y XX este concepto se encuentra referido a los muebles, o cuerpos de carpintería, destinados al uso de los estudiantes, es decir a las mesas y los bancos que sirven a los alumnos para los ejercicios de escritura principalmente (Alcántara, 1912). En las escuelas de habla hispana, a estos muebles se le conoce como pupitre palabra que proviene del latín pulpitum, referida al púlpito, lugar utilizado en las iglesias para leer las Sagradas Escrituras y llevar a cabo la predicación.

Solo a mediados del siglo XIX en Europa, se empiezan a construir modelos uniformes de muebles para las escuelas y en América hasta la primera década del siglo XX. Uno de los primeros documentos en España que se relaciona con mobiliario o menaje escolar es el Reglamento de las Escuelas Públicas de 1838 en donde se señala que:

Las mesas de escribir [deben] ser largas y estrechas (de 16 a 18 pulgadas de anchura), con la conveniente inclinación para que puedan trabajar los niños con comodidad […] y a distancias proporcionadas sobre la parte superior de las mesas, se fijaran tinteros de modo que uno de ellos pueda servir para los discípulos (Reglamento de los Escuelas Públicas de España, 1838, Art. 6. Citado por Juárez, 1999, p. 61).

Algunas escuelas del siglo XIX en Europa, incluso hasta el siglo XX en América, el banco de madera destinado para los estudiantes conservaba el mismo diseño de los bancos de madera de la iglesia. El diseño de estos bancos no incluía espaldar, tenía espacio para tres o más niños y su disposición en el aula era también similar al del templo, a excepción de los lugares destinado para las niñas en la periferia del salón como se observa en la pintura de Anker de 1849.

Escuela de pueblo en 1848. Óleo de Albert Anker (1831-1910) Museo de Arte de Berna.

Otro modelo de pupitre similar al de la iglesia era empleado en las escuelas de enseñanza mutua o lancasterianas (1845), los escritorios eran comunes para toda la fila y medían aproximadamente de 2,5 metros y estaban ubicados a un metro de distancia unos de otros. Cada alumno tenía entonces cerca de 30 cm de escritorio a su disposición. Los asientos eran banquitos con un tope superior de 20 X 15 Centímetros.

Método británico de educación lancasteriana. (1816). Obsérvese al monitor de alumnos enseñando a los miembros de su escuela. Fuente: https://picryl.com/media/lancaster-frontispice-9ace68

El diseño de mobiliario escolar en Colombia empieza a ser regulado por el discurso de la higiene, como es posible identificarlo en la tesis de Aldana (1921) en donde señala que “el mobiliario escolar decide el porvenir físico del niño y por consiguiente debe ponerse cuidado especial en su construcción” (p: 14), postura que determina la implementación de especificaciones precisas para su diseño, más allá de criterios estéticos y prácticos con que se elaboraban en las carpinterías, los cuales empezaron a suscitar una serie de críticas:

La actual mesa de nuestras escuelas es demasiado larga; permite la acumulación de muchos niños, los cuales se apiñan unos contra otros haciendo demasiado difícil la escritura. El banco está muy separado del asiento en la generalidad de los casos, lo que obliga a los alumnos a sentarse en la orilla, con el cuerpo inclinado hacia delante; de esto resulta una curvatura dorsal, la compresión de los órganos abdominales perturbando la circulación y el trabajo intelectual (p: 14-15).

Otra crítica que predominó durante varios años fue que el mobiliario escolar de las escuelas rurales, no contaban con las condiciones necesarias como se afirma: “la mayor parte sólo cuenta con un tablero mal construido y sin barniz, los niños permanecen la mayor parte del día encerrados en un cuarto reducido y oscuro y sentados sobre un adobe o sobre un tarima” (Cély, 1925). De otro lado, este mobiliario era insuficiente para la cantidad de estudiantes que asistían a las escuelas rurales, al respecto se declara “conozco una escuela rural con veinte a veinticinco alumnos de asistencia media, donde todo el mobiliario consiste en una banca-mesa […], una casi-mesa y el taburete de la maestra” (Jácome, 1935).

De acuerdo con Noguera, a mediados de 1930 los locales escolares carecían de las condiciones higiénicas y pedagógicas mínimas, además, el mobiliario escolar era extremadamente inadecuado. Condición expuesta en los Informes del director de Educación del Departamento de Cundinamarca:  

«Aún en 1935 el jefe del Servicio Médico Escolar de Bogotá se quejaba de la ausencia de bancos suficientes, motivo por el cual los niños se veían obligados a sentarse en número de seis a ocho en bancos destinados sólo a cuatro personas. En varias escuelas, ante la carencia de pupitres, los niños tenían que recurrir a ladrillos o a sus prendas de vestir que, dobladas, colocaban sobre el suelo a modo de asiento. Pero no sólo era la escasez de bancos, como anotara el médico escolar, a ello había que agregar sus pésimas condiciones: bancos sin espaldar alguno, con madera imperfecta, pupitres iguales en los cuales debían acomodarse niños de todas las edades y tallas, o asientos pequeñísimos que no correspondían a la altura de la mesas destinadas a grupos.» (Del Corral, 1935: 58).

Mobiliario escolar unipersonal. (ca. 1920). Fuente: Museo Pedagógico Colombiano.

Como resultado de las críticas al mobiliario escolar, se establecieron una serie de reglas básicas que debían tener en cuenta la anatomía del niño para su fabricación. En este sentido, el mobiliario debía posibilitar que: “la cabeza esté derecha y bien equilibrado sobre la columna vertebral, la frente ligeramente inclinada y los ojos separados del libro por lo menos 35 centímetros; los omoplatos a la misma altura en línea horizontal […]” (p:15). Situación que produjo la implementación de pupitres unipersonales como los que se utilizan en la actualidad.

 

Referencias:

Aldana, L. (1921). Algo sobre higiene escolar. Bogotá: Imprenta de San Bernardo.

Noguera Ramírez, C. E. (2012). La reforma educacionista en Bogotá 1920-1936: ¿instruir, educar o higienizar al pueblo? / Carlos Ernesto Noguera. En Historia de la educación en Bogotá.

Del Corral, A. (1935). Informe del director de Educación del Departamento al señor gobernador de Cundinamarca. Bogotá: Imprenta del Departamento.